Vuelta al mundo con Shandy Cruzcampo, texto de presentación
Buenas, me llamo Luciano, a pesar de que no frecuento las tienda de souvenir, mi llavero pesa más de 6 kilos. La historia de mi llavero comienza hace 12 años, cuando mi madre me dio mi primera llave de casa, era de esas antiguas llaves de hierro forjado en quien sabe que siglo. Debido a su minúsculo tamaño, aunque colosal en comparación con el tamaño de las llaves actuales, y tras perderla una y otra vez, me recomendaron que utilizara un "utensilio, generalmente una anilla metálica o una cartera pequeña, en que se llevan las llaves." (descripción de "llavero" según la RAE). Por entonces tenía solo 6 años y no contaba con el dinero para comprarme uno, mi madre me regaló entonces un pequeño escudo hecho con trapos del Club Tomba, un equipo de fútbol de mi provincia, Mendoza (Argentina). Aunque el primero tardó seis años en llegar, pronto le cogí gusto a estos, intentado conseguir uno en cada lugar que visitaba o con cada experiencia vivida.
A los 11 años ya tenía decena de ellos, fotos pequeñas agujereadas, una brújula de cuando fui al Aconcagüa, un aro que le quité a mi madre, "recuerdo de San Juan", el escudo de Boca Junior, un láser para molestar a los vecinos... Entonces me vine a vivir a España, al pueblo de mi abuela, Cuevas Del Almanzora, en Almería, debido de mi corta edad me adapté muy rápido y no tardé nada en hacer amigos y en encontrar nuevos "elementos decorativos o distintivos, o con alguna utilidad más práctica para mi llave.": mi carta Magic favorita (Jareth, titan leonino), "recuerdo de Mojacar", Juegos Mediterraneo 2005...
Con el tiempo, se me fue quedando pequeño el pueblo y descubrí mi nuevo hobbie, viajar... que además se complementaba perfectamente con mi afán de cebar mi llavero. Recuerdo como al principio, madres de mis amigos y familiares, regañaban a mi madre por dejarme ir hasta Almería solo en autobús (a 100km de mi pueblo), año tras año, mis destinos quedaban más lejos de casa: Murcia, Alicante, Valencia, Granada, Madrid, Barcelona, Marruecos, Francia, Italia... a la vez que tenía que apretarme cada vez más el cinturón con el fin de que no se me bajara el pantalón por el peso de mis llaves.
Fue entonces cuando tomé una de las decisiones que más importantes de mi vida, decidí irme solo a Japón un año entero , a casa de una familia voluntaria que me quisiera acoger (en el avión de ida, pasando a 12.200 metros de algún pueblo ruso, cumplí 17 años). Allí tuve cientos de experiencias que cambiaron mi forma de ser y de ver el mundo, este viaje, aparte de aportarme montones de llaveros, hizo que aumentarán mis ganas de seguir viajando, que no de hacer turismo:
"El turista, ojea folletos y coloridos catálogos con fascinantes fotos y decide marchar, pero marchar evitando viajar, casi evitando salir. El turista, al llegar a la torre Eifel, saca fotos para constatar de que, efectivamente, el tipo de la sonrisa forzosa y camisa de colores chillones que sale la foto, es decir el mismo, ha estado ahí. El pobre se olvida de contemplar con sus propios ojos lo que siente al ver semejante edifico ,al sentirse rodeado de gente diferente. Ya que en realidad, el turista no quiere ver, sinó distraerse ciegamente, porque la novedad y el desconocimiento son cosas peligrosas para el turista, que prefiere la tediosa comodidad de lo monótonamente conocido.
No obstante, el viajero, a su vuelta a casa, ve todo diferente, su mirada se ha labrado durante las largas jornadas de su viaje, ya nada es lo que le parecía, para él, todo se ha tornado novedosamente viejo, pero está lleno de nuevas preguntas a las que está dispuesto a seguir "viajando" para encontrar la respuesta."
Ya en España de nuevo, he empezado a programar otros viajes, a ciudades donde ya había ido y a otros países. En el Spotify escuche el anuncio del concurso y he encontrado en éste una oportunidad única para poder coger de nuevo mi mochila y marchar en busca de nuevas experiencias y llaveros.






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